Abstract:

This paper offers analysis of three of Sor Juana’s poems about/dedicated to women and focuses on her poetic technique, the use of literary devices such as “falsa modestia”, hyperbole and complicated metaphors, which the author manipulates in order to confirm her feminine identity, to defend her human right to write freely and to protect herself from the persecutions and accusations to which, as a woman writer, she was exposed in the patriarchal society of the 17th century. My analysis contributes to the critical currents that explain the exaggerated sentimentalism and admiration of Sor Juana’s poetic speaker towards feminine subjects not as an expression of her masculinization or lesbianism, but as a part of her creative and intellectual efforts to change the evaluative system of women of her time within the Baroque literary tradition.

Resumen:

Este trabajo ofrece análisis de tres poemas de Sor Juana sobre/dedicados a mujeres y se enfoca en su técnica poética, el uso de los recursos literarios como “falsa modestia”, hipérbole y metáforas complicadas que la autora manipula para confirmar su identidad femenina, defender su derecho humano de escribir libremente y para protegerse de las persecuciones y acusaciones a las cuales, como una mujer escritora, estuvo expuesta en la sociedad patriarcal del siglo XVII. Mi análisis contribuye a las corrientes críticas que explican el sentimentalismo y la admiración exagerados del yo poético de Sor Juana hacia los sujetos femeninos no como la expresión de su masculinización o lesbianismo, sino como parte de sus esfuerzos creativos e intelectuales de cambiar el sistema evaluativo de las mujeres en su tiempo dentro del marco de la tradición literaria barroca.

Sor Juana Inés de la Cruz es una de las figuras más controversiales de la literatura hispanoamericana, ya que sobrepasó los límites sociales de su tiempo y se convirtió en símbolo de la inteligencia, osadía y creatividad femeninas. Es éste exactamente el origen de la controversia que su obra provoca en la sociedad patriarcal latinoamericana. Como vivía en un mundo tradicionalmente limitado y marcado por el sistema patriarcal, ser mujer en el mismo significó llevar una vida bastante simple y predestinada: ser mentalmente y creativamente pasiva, limitada al espacio doméstico. Cualquier otro tipo de comportamiento femenino en este tiempo era considerado como una excepción que debía ser cuestionada y reprimida para mantener el orden. Como Sor Juana fue monja, sus versos, en los que fluían los elementos de su rebelión femenina contra las convenciones sociales, fueron juzgados por sus contemporáneos tanto clericales como seculares. Atención especial atraen sus poemas dedicados a mujeres porque no era fácil, ni entonces ni ahora, entender el concepto de “la amistad amorosa” entre mujeres. Dicha “amistad amorosa” incluía la admiración hacia la belleza y cualidades intelectuales femeninas expresadas, a su vez, por la voz poética femenina.

Críticos posteriores a la época de Sor Juana han asumido su lesbianismo y el contenido perverso de sus versos[1] basándose en sus poemas amorosos dedicados a mujeres. A partir de otras perspectivas, por ejemplo, Georgina Sabat de Rivers, la ha catalogado como una de las primeras pensadoras feministas[2] del Nuevo Mundo, mientras Octavio Paz considera que sus poemas son productos artísticos inspirados por la belleza del objeto poético que, en este caso, es una mujer (301). Sin embargo, otros críticos, como Yolanda Martínez—San Miguel y Lucia Fox--Lockert, respectivamente, señalan que hubo otra intención de la autora que la inspiró a escribir  versos dulces que glorificaban cualidades femeninas: se trataba de la intención de afirmar su identidad femenina y defender su posición de mujer escritora en un mundo con normas patriarcales fijas.

Este trabajo parte de la última opción de lectura crítica. Mi objetivo es analizar poemas dirigidos a mujeres, observar elementos considerados problemáticos para la sociedad patriarcal del siglo XVII--como la osadía, el deseo de conocer, el sentimentalismo y la admiración exageradas--con el fin de reflexionar sobre la función que pueden cumplir en la literatura barroca del siglo XVII. Asimismo el entorno social y las características atribuidas a la persona de Sor Juana, según los documentos de la época, me servirán de apoyo para algunas de mis reflexiones que se derivan, precisamente, del análisis de esta poesía. Por ejemplo, su conciencia sobre los límites sociales para la mujer y su deseo consciente de luchar por su derecho de conocer y de ser libre de expresarse, son un tema frecuente en los textos críticos que se ocupan de la obra de Sor Juana. Además, Georgina Sabat de Rivers opina lo siguiente en relación a este aspecto de la obra de Sor Juana: “I think that we may say that the whole of her literary production is permeated by her feminine consciousness of her society’s patriarchal character and of her exceptional status as a female writer and intellectual” (144). En relación a su consciencia femenina, estoy de acuerdo con Sabat de Rivers que la cuestión de la afirmación de su género ocupa un lugar importante en la poesía de esta monja mexicana y que los elementos de esta lucha textual están escondidos detrás de los recursos literarios del barroco, como “la falsa modestia y las metáforas abundantes, así como la hipérbole y el constante uso de la paradoja.

A través de los poemas dedicados a mujeres, Sor Juana nos ofrece una imagen de la vida y posición de la mujer de su tiempo pero, sobre todo, expresa su visión de una mujer que no quería subordinarse a las reglas impuestas por el mundo que la rodeaba. Teniendo en cuenta este marco de reflexión, voy a analizar aquí tres textos poéticos de la monja mexicana que he seleccionado debido a que en ellos se presenta, con cierta gradualidad, una visión particular de la mujer mexicana del siglo XVII.

El primer poema, la glosa 135[3], despliega una visión convencional de la mujer, mientras que el segundo, la seguidilla 80, revisa esta visión. Finalmente el tercer poema, la endecha real 82, ofrece una visión muy particular de la mujer que se diferencia de los textos anteriores. La calidad de esta diferencia será explicada precisamente por el análisis que sigue. Sobre la base de este análisis, propongo que Sor Juana trata de confirmar su identidad femenina a través de los poemas dedicados a las mujeres, pero también trata de justificar su derecho natural de escribir y encontrar maneras de protegerse de las persecuciones y acusaciones a las cuales estuvo expuesta.

Comienzo el análisis con la visión tradicional de la mujer  que se encuentra en la glosa 135, donde la poeta se dirige a la rosa en el prado. La rosa es un motivo frecuente en la poesía de Sor Juana y simboliza la mujer, su belleza, juventud y gentileza, pero también la fugacidad de  la vida y de todas las cosas mundanas (Sabat de Rivers 154). En la primera estrofa la poeta dice:

¿Ves, de tu candor, que apura

            al Alba el primer albor?

            Pues tanto el riesgo es mayor

            cuanto es mayor la hermosura. (7-10)

La juventud (el candor) se abre al inicio del día, empieza su vida y se ve la hermosura de la rosa que es, como también la hermosura femenina, un riesgo y un infortunio. Este es un motivo frecuente en la literatura europea.[4] Sor Juana se refiere a la hermosura, la característica femenina más alabada, como una cualidad que trae desgracia a la mujer y que no dura mucho. Como dice la poeta al final de la primera estrofa, la rosa no debe estar segura de su belleza, porque ésta pronto va a desaparecer y, por ende, su juventud es temporal: “en perdiéndose el color también serás desdichada” (16).

A continuación la poeta habla sobre la actitud de los hombres hacia la hermosura femenina. A los hombres solamente les interesa poseer la belleza para satisfacer sus deseos y una vez que la poseen, la abandonan, la rechazan y la mujer se queda sola, infeliz y marchita: “que, en llegando a poseída también serás desdichada” (25-26). La última estrofa del poema sirve como consejo a las mujeres. La poeta les dice que deben guardar su belleza, que es mejor que todo el mundo la admire desde lejos, ya que cualquier hombre se aprovecha de ella alimentando su vacío y abandonándola después. Si no sigue su consejo, el efecto es conocido: “que, en siendo particular, también serás desdichada” (35-36). Este, precisamente, es el verso principal del poema que se repite al final de cada estrofa: “también serás desdichada”. Según la poeta, el destino de la mujer joven y bella como la rosa parece ser inevitable: ser infeliz o desdichada a menos que se mantenga alejada del hombre que la seduce. Entonces, ¿quién provoca esta desgracia en la vida femenina? La poeta responde a esta pregunta claramente cuando habla de los “hombres necios”, que menciona en otro poema suyo y bastante conocido, la redondilla 92. Los “hombres necios” son aquéllos que persiguen a las mujeres para su provecho egoísta. Los “hombres necios” engañan, destruyen y manchan la belleza de las mujeres como si fuera su derecho natural por ser el sexo más fuerte. A partir de la famosa redondilla 92 se puede observar el sentimiento de la poeta hacia los hombres que no aprecian a las mujeres como seres con posibilidades y características intelectuales semejantes a ellos mismos. Sor Juana no rechaza el hecho de que las mujeres sean seres tiernos, hermosos y con deseos. Al contrario, ella destaca estas características en estos versos. Pero hay algo más detrás de esta imagen sencilla y tradicionalmente “femenina” de la mujer. Hay otro aspecto de la mujer que convencionalmente se atribuye al hombre y que los hombres solamente admiten para sí mismos: su capacidad de decisión. Sor Juana misma demostró que ella es capaz de expresar sus pensamientos y ser activa. El problema que plantea es que, al hacerlo públicamente, desafía también al status quo de su época. Con el fin de justificar su supuesta osadía y mostrar su visión no convencional de las mujeres, la poeta destaca sus cualidades intelectuales. El ejemplo más claro representa la seguidilla 80 “Con los Héroes a Elvira” que analizo a continuación.

Con el análisis del texto anterior he demostrado que, en la poesía barroca de Sor Juana Inés, las mujeres tienen muchas virtudes que no son reconocidas por los hombres, porque éstos sólo se fijan en los atributos temporales. Por eso la poeta decide alabarlas en sus poemas. Cabe recordar que Octavio Paz señala la falta de alusión al cuerpo masculino en la poesía de Sor Juana (299). Asimismo, no se destacan mucho las virtudes de los hombres, pero tampoco se atacan sus vicios. Hasta ahora sólo he encontrado un poema en que Sor Juana hace crítica directa a los hombres: la redondilla 92 que he citado antes[5]. Observo también que hay un gran número de poemas en los cuales Sor Juana alaba a las mujeres, sus características intelectuales y su belleza física, sobre todo las mujeres ejemplares del pasado y de su tiempo. Uno de ellos es la mencionada seguidilla 80, dedicada a la Condesa de Galve, donde la poeta la retrata comparando sus virtudes con las de personajes históricos masculinos gloriosos y heroicos, destacando así no solamente su belleza física sino sus características personales a través de las virtudes que estos personajes históricos simbolizan:

Con los Héroes Elvira                                                                           

Mi amor retrata,

Para que la pintura

Valiente salga. (1-4)

Lo que es interesante aquí es que todos los personajes mencionados que sirven de referencia a las virtudes de “Elvira” son hombres, así que Sor Juana rompe con el tema tradicional de que solamente los hombres podían tener ciertas virtudes y cualidades que los constituían héroes de la historia. Si se estableciera una relación entre el texto y la referencia real de Sor Juana Inés, se podría interpretar que no solamente los hombres podían escribir y crear artes, sino que las mujeres eran capaces de hacerlo, también. Además, la asociación con héroes clásicos no sólo se reduce a una descripción física de los mismos, sino con lo que cada uno de estos héroes simbolizaban. Por ejemplo, se compara el pelo de la Condesa con el de Alejandro y Ulises, héroes de la Antigüedad clásica que simbolizaban astucia e inteligencia; su nariz con la de Aníbal que era muy valiente y un gran estratega y gobernante; su frente se compara con la de Cristóbal Colón, quien descubrió el Nuevo Mundo, ya que siempre miraba hacia adelante. Asimismo en el verso “A Cortés y Pizarro tiene en las cejas” (13-14), la voz poética indica la valentía de la Condesa porque estos personajes eran guerreros y conquistadores famosos. En la  descripción que continúa los bellos ojos de la Condesa son como los ojos de César y Pompeyo, valientes estrategas romanos, mientras que su cuello es tan fuerte como el de Hércules, héroe mítico conocido por su fuerza descomunal que sostuvo al mundo en sus hombros. El cuello sostiene a la cabeza, de la misma manera que, en el relato mítico de Atlas, Hércules sostuvo al mundo. Enseguida las manos de la Condesa se comparan con las manos de Mucio Scévola, quien simboliza la sabiduría y la indiferencia humana ante el dolor físico, porque él carbonizó su mano derecha como castigo por no haber logrado matar a Porsena, el rey etrusco. El sentido corporal más importante para el sujeto barroco se encuentra en los ojos porque son el espejo del alma, la entrada hacia el mundo interior del ser humano y aquel sentido que, desarrollado a nivel intelectual y/o espiritual, ayuda a ver más allá de las apariencias engañosas. En este sentido, cuando se comparan los ojos de la Condesa con los de  César y Pompeyo, se le asocia con la inteligencia, la habilidad de ver más allá y sobre todo el saber mirar de estos hombres inteligentes que marcaron un hito en la historia. Estas son características que también se pueden relacionar con Sor Juana misma y su estudio, ya que la poeta miró más allá de los límites sociales impuestos para las mujeres lo que demuestra en  su obra poética.

En suma, todos los personajes mencionados en este poema son héroes históricos muy bien conocidos que simbolizan valentía, osadía, inteligencia y poder. Así la poeta atribuye al retrato femenino todos los rasgos del rostro y cuerpo de un personaje heroico. Sin embargo, la boca y los pies de la Condesa no se pueden relacionar con ningún héroe, porque, cuando el yo poético intenta describir la boca de la mujer, no hay cualidad masculina adecuada: “no encuentro con alguno que tenga tan buen aliento” (30-32). Los versos anteriores ilustran una idea clave del poema. El aliento de las mujeres puede referirse al pneuma que, en la tradición hermética, alienta la vida. Este aliento de vida puede relacionarse con la capacidad de la mujer quien puede dar vida y tener hijos. La boca también puede tener un sentido sensual y referirse a los labios de la mujer como a una parte del cuerpo sensual que produce besos. La poeta elige no alabar la boca de un hombre aquí. Quizá la poeta elija no alabarla por decoro social o porque la boca es una parte del cuerpo que se relaciona con las mujeres y su sensibilidad --aunque podría haber hablado del varón prudente que mide sus palabras. Finalmente, el “buen aliento” puede relacionarse también con la naturaleza femenina que se consideraba como una influencia pecaminosa e instintiva que provocaba la pérdida del control en los hombres.

Además de los labios y la boca femeninos, observo también un tratamiento especial de los pies de la mujer. A propósito la poeta dice: “si es que los tiene, nunca los vide” (33-34). Recordemos que en esta época los pies desnudos de la mujer nunca se ven porque son un objeto erótico que no se muestra. Esto podría ilustrar la ausencia de una descripción del pie en asociación con los pies de un héroe clásico. Asimismo, la poeta dice enseguida: “nunca a un Valiente los pies le sirven” (35-36) con lo cual ella quiere destacar la valentía de “Elvira”-- los pies no sirven a los valientes, porque ellos nunca huyen. En estos últimos versos del poema, “Elvira” parece un héroe épico clásico. Al final del poema, la poeta no compara a la Condesa con los héroes sólo por sus atributos físicos, sino más bien la iguala con ellos por sus características dignas y admirables, especialmente su valentía.

De esta manera se puede concluir que la mujer retratada en la seguidilla 80 es al mismo tiempo hermosa y delicada, como la mujer en la glosa 135, pero inteligente, fuerte y heroica, también, como todos los héroes mencionados. En mi opinión Sor Juana quiere mostrar que los hombres y las mujeres son iguales en cuanto a sus características  y posibilidades intelectuales, personales y aun físicas. La poeta destaca en su poesía la fuerza femenina, porque quiere justificar su derecho de ser diferente, de atreverse a escribir y pensar, o llevar a cabo acciones que se consideraban apropiadas solamente para hombres. Cabe entonces preguntarse ¿cómo se atreve a mostrar tanta osadía en sus versos? En esa época su poesía fue comprobada, analizada, discutida y, a veces, censurada por las autoridades eclesiásticas y sus contemporáneos. Entonces ¿qué opciones tenía la mujer poeta en tal situación? Sor Juana responde a esta presión al aceptar la ayuda, protección y mecenazgo de las mujeres importantes e influyentes de su tiempo. Trataré de explicar la relación entre Sor Juana y una de las mujeres tales a través de uno de los poemas dedicados a la virreina María Luisa, quien era su amiga, su musa, su mecenas y su protectora.

Como ya he mencionado, Sor Juana vivía en un mundo patriarcal en el cual la vida de las mujeres fue muy limitada y en peligro constante de condenas seculares y eclesiásticas. Aunque fue una mujer de inteligencia excepcional, Sor Juana necesitaba apoyo en el sistema de poder y este apoyo lo encontró en la amistad con dos virreinas: Doña Leonor Carreto-- Marquesa de Mancera y Doña María Luisa Manrique de Lara y Gonzaga--Condesa de Paredes. Aparentemente, según Paz, entre ambas virreinas y Sor Juana existía una relación de amistad  profunda, basada en sus similitudes personales, tanto emocionales como intelectuales (285). Ahora bien, al observar los poemas dedicados a las virreinas y los puntos temáticos en común que prevalecen en ellos, se nota que ambas virreinas se plantean como damas de belleza y nobleza inalcanzable. Además, en estos poemas la exageración barroca y la humildad del amante--poeta subyugado frente al sujeto amado, la virreina María Luisa en este caso, se combinan en la endecha real 82:

Divina Lysi mía:

Perdona si me atrevo

A llamarte así, cuando

Aun de ser tuya el nombre no merezco. (1-4)

Desde la primera estrofa se nota la gran humildad de la poeta con la cual se dirige a la virreina, quien es presentada como un ser excepcional, superior y con características divinas. El primer verso, “Divina Lysi mía,” lleva consigo una contradicción que nos puede revelar la intención de la poeta de conquistar la afinidad de la virreina y con esto reafirmarse en su posición. La divinización de Lysi implica que no se le puede poseer.[6] Pero, el adjetivo ‘mía’ de este verso implica posesión. Sor Juana va a tratar de explicar esta paradoja en las estrofas siguientes, justificando las razones por las cuales se atreve llamarla así y explicándole su intención. Ahora bien ¿por qué la poeta siente necesidad de hacer esta diferencia tan profunda entre ella y su amiga?  En primer lugar recordemos que según el decoro social que marcaba una distancia entre súbdito y señor, Sor Juana no podía igualarse con la virreina, aunque fueran amigas. Es conocido que la monja mexicana usó el recurso de la “falsa modestia” en sus poemas para ocultar algunas de sus intenciones. Hay que recordar también que la actitud de fingir  forma parte de la filosofía barroca de su tiempo, según la cual el sujeto debe buscar y descifrar los elementos que esconde una obra artística más allá de la simple apariencia. Esta actitud puede ayudar a comprender las razones para este uso de los disfraces en el arte barroco. Sin embargo, en la poesía de Sor Juana el fingimiento puede manifestar su necesidad de esconder los contenidos verdaderos que quiere expresar a través de su poesía y, de tal manera, protegerse.

En la segunda estrofa de esta endecha la poeta sigue construyendo este contraste entre sí misma y la virreina destacando sus virtudes de modo más exagerado:

Y creo, no osadía

Es llamarte así, puesto

que a ti te sobran rayos,

si en mí pudiera haber atrevimientos. (5-8)

Una vez más la autora destaca el carácter divino de la virreina, ahora mediante la alusión a Júpiter. La poeta compara a Lysi con el dios principal de la mitología romana o griega, Júpiter o Zeus. Una vez más aquí se ve la osadía de la poeta, ya que ésta destaca la importancia y el valor de las mujeres por medio de alusiones divinas clásicas. Como ya he mencionado, el sujeto poético acepta que llamarle suya a la virreina puede parecer una osadía, pero no lo es, porque esta aparente posesión reproduce la relación esclavo-dueño propia de la tradición del amor cortés:

Mi rey, dice el vasallo;

Mi cárcel, dice el preso;

Y el más humilde esclavo,

Sin agraviarlo, llama suyo al dueño. (13-16)

La relación de esclavo-dueño es uno de los elementos característicos de la tradición del amor cortés. Esta tradición proviene de la literatura medieval y Ana María Rodado Ruíz menciona una de las definiciones: “El amor cortesano es el amor del culto a la mujer. Empieza asignando al amante el papel de humilde vasallo y a la amada el de soberana” (15). Andreas Capellanus anota otras características del amor cortés, en sus “Reglas del Amor Cortés”, que enfatizan la imposibilidad de acceder al sujeto amado y consumar la relación amorosa: “XIV. The easy attainment of love makes it of little value, difficulty of attainment makes it prized” (185) y “XXV. A true lover considers nothing good except what he thinks will please his beloved” (185). De esta manera, el amor se considera como una experiencia que no se consuma, sino solamente se espera y desea. El amante cortés siempre sirve a su dama adorada o trata de realizar todos sus deseos sin tener una relación física con ella. Por eso la asociación con el esclavo y el dueño ayuda a caracterizar al amante en una posición subordinada, atrapado por sus deseos y amor hacia una mujer inalcanzable. Sabat de Rivers está de acuerdo con el rol de amante cortés que el yo poético de Sor Juana tiene en estos poemas (“Veintiún Sonetos” 412).

A continuación de nuevo aparece una exageración obvia, una gran humildad y lisonja que se prolonga en la siguiente estrofa y empieza con el verso: “Que mirarte tan alta, no impide a mi denuedo” (26). Su alabanza termina con los versos siguientes:

En fin, yo de adorarte

El delito confieso;

Si quieres castigarme,

Este mismo castigo será premio. (33-36)

Si el lector no supiera que la autora del poema era una mujer, podía muy fácilmente pensar que se trataba de un hombre, ya que se inserta en la tradición del amor cortés que iguala  sufrimiento y placer amoroso. Amar aquí significa sufrir mientras que el amor  es imposible e inalcanzable. El amante cortés está disfrutando del dolor que le produce su amada, y es un premio para él. Por eso, parece que el yo poético en estos poemas asume un rol tradicionalmente masculino, lo que hace que algunos críticos, como Ludwig Pfandl y Octavio Paz, suponen la masculinización de Sor Juana. Paz comenta que Sor Juana “quiere apoderarse de los valores masculinos porque quiere ser como un hombre” (159), lo que se puede explicar como su deseo y necesidad social de igualarse con los hombres en la esfera intelectual y creativa, en la que los mismos representaban la única fuerza legítima de su tiempo. Pfandl, por otro lado, explica la masculinización de Sor Juana como una condición patológica que tiene que ver con su pasado familiar y la identificación con su padre, comentando que “la Juana adulta queda desesperadamente atrapada por su neurótica actitud frente al otro sexo, al cual debía pertenecer y al que tiene que odiar puesto que no puede formar parte de él” (97). Las observaciones de Pfandl abren camino a las interpretaciones diferentes sobre la orientación sexual de la poetisa basadas en sus poemas amorosos dedicados a mujeres. Sin embargo, Sabat de Rivers ofrece una explicación que parece justificar a Sor Juana, rechazando su masculinización, que algunos críticos suponen, y destacando su conciencia y dignidad por ser mujer: “I therefore cannot accept what has sometimes been asserted: that she wished to be identified with the masculine sex. Born a woman and an intellectual, what she did do was to assert herself and demand the same rights that were conceded to enlightened men” (“A Feminist Rereading” 145). Más adelante la misma autora continúa destacando los valores femeninos de Sor Juana, su fuerza y capacidad de luchar por sus derechos de crear y pensar, así como su intención de cambiar el comportamiento genérico aceptado por los hombres: “She was a woman who offered, who continues to offer, a series of suggested alternatives to the male dominated membership and attitudes of the accepted canon” (“A Feminist Rereading” 145).

Coincido con Sabat de Rivers que no se puede declarar nada sobre la orientación sexual de Sor Juana solo a partir de su poesía. La explicación ofrecida, de que ella alababa a las virreinas en sus poemas lisonjeras con un propósito de protegerse a sí misma parece más apropiada aquí, aunque Sor Juana participaba de corrientes literarias de su tiempo. Las virreinas eran sus protectoras y mecenas, y ella alimentaba constantemente su confianza y admiración, a través de sus versos y alabanza.

En conclusión, los poemas de Sor Juana dedicados a las mujeres revelan su conocimiento de la técnica poética del Barroco, así como la perfección de su estilo. Asimismo se observa la gran recurrencia de poemas amorosos dirigidos a mujeres ideales. Ya he comentado que las razones principales para esta recurrencia son su necesidad de confirmar su identidad femenina y relacionarla, de  una manera natural, con el hecho de que ella era una escritora, lo que en su tiempo era inusual y de cierta manera peligroso por las normas sociales. Sor Juana lucha contra las limitaciones de su tiempo y por su derecho humano de ser libre para expresarse públicamente. Al mismo tiempo ella quiere ser libre y no ponerse en peligro al desafiar al clero patriarcal. Pienso que su deseo, pasión y osadía se notan en los poemas analizados aquí, así como su vigilancia e inteligencia para disfrazar y esconder sus intenciones reales y, de tal manera, protegerse. Las alusiones a sus deseos que la poeta hizo en la endecha 82, el uso de la “falsa modestia”, la paradoja y las metáforas complicadas en todos los poemas analizados muestran que ella no solamente sabía manejar bien los recursos literarios, sino que tuvo un conocimiento amplio de las tradiciones artísticas de su época. Cada lector puede entender la poesía de esta monja excepcional de manera diferente, pero hay ciertos aspectos recurrentes que quedan muy claros: que Sor Juana era una mujer atrevida que quería cambiar el sistema evaluativo de las mujeres en su tiempo e intentó hacerlo de una manera intelectual en el marco de la tradición literaria barroca.


Notas

[1]Alicia Gaspar de Alba en su novela histórica Sor Juana’s Second Dream lleva a cabo el lesbianismo de Sor Juana.

[2] Sabat de Rivers, “A Feminist Rereading of Sor Juana’s Dream” (143).

[3] Cito todos los poemas de Obras Completas de Sor Juana Inés de la Cruz (1951), edición de Méndez Plancarte.

[4] Méndez Plancarte menciona otros ejemplos literarios en su comentario de este poema refiriéndose, entre otros,  a Rojas y Espronceda en cuyas obras también se encuentran  las oraciones similares sobre la mala suerte que trae  la hermosura (511).

[5] En la poesía de Sor Juana hay críticas y ataques indirectos a los hombres como, por ejemplo, en el romance 48 o en los poemas que alaban a las mujeres ejemplares, como Lucrecia. Pero, la redondilla 92 constituye un texto en el que la poeta critica dura y frontalmente el deseo del hombre y su juicio de la mujer.

[6] En el poema más famoso de Sor Juana, Primero Sueño, en el que describe el viaje espiritual del alma en su intención de unirse con Dios, se observa que la poeta cree que Dios es inalcanzable como todas las cosas divinas y que los humanos, incluyendo a ella misma, lo pueden percibir sólo temporalmente y nunca lo pueden poseer.

Obras citadas:

Cruz, Sor Juana Inés de la. Obras escogidas. Ed. Juan Carlos Merlo. Barcelona: Talleres    
Gráficos de la Editorial Bruguera, 1968.

Cruz, Sor Juana Inés de la. Obras completas de Sor Juana Inés de la Cruz. Ed. Alfonso Méndez Plancarte. Vol. 1. México: Fondo de Cultura Económica, 1951.

Capellanus, Andreas. The Art of Courtly Love. New York, Chichester: Columbia University
Press, 1960.

Fox-Lockert, Lucia. “Novelística femenina: Un esfuerzo de liberación”, págs. 269-272. En:
Actas del Sexto Congreso Internacional de Hispanistas, coord. por Evelyn Rugg y Alan M. Gordon, 1980. 

Gaspar de Alba, Alicia. Sor Juana’s Second Dream. Albuquerque: New Mexico University Press, 1999.

Martínez-San Miguel, Yolanda. “Engendrando el sujeto femenino del saber o las estrategias  para la construcción de una conciencia epistemológica colonial en Sor Juana”. Revista de Crítica Literaria Latinoamericana, 1994: 259-280.         

Paz, Octavio. Sor Juana Inés de la Cruz o Las Trampas De La Fe. México: Fondo de Cultura Económica, 1982.

Pfandl, Ludwig. Sor Juana Inés de la Cruz. México: Universidad  Nacional Autónoma de México, 1963.

Rodado Ruíz, Ana María. Tristura conmigo va: Fundamentos de amor cortés. Cuenca: Ediciones de la Universidad de Castilla-La Mancha, 2000.

Sabat de Rivers, Georgina. “A Feminist Rereading of Sor Juana’s Dream”. En: Merrim, Stephanie. Feminist Perspectives on Sor Juana Inés de la Cruz. Ed. Stephanie Merrim.  Detroit:  Wayne State University Press, 1991: 142- 161.

Sabat de Rivers, Georgina. “Veintiún sonetos de Sor Juana y su casuística del amor”,  pp. 397-445. En: Sor Juana y su mundo. Una mirada actual. Sara Poot Herrera (ed.). México:  Universidad del Claustro de Sor Juana, 1995. 

           

           


           

           




 

    Author/Autor

    Marina Cuzovic-Severn
    PhD Candidate       
    Department of Romance and Classical Studies
    Michigan State University


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